#Filantropía — 21.07.2020

Cinco preguntas sobre la Filantropía: Chiara y Gérard El Allaf

Chiara y Gérard El Allaf nos hablan sobre su proyecto filantrópico, un esfuerzo guiado por la pasión y que encarna sus valores personales. Su objetivo es desarrollar un ecopueblo en el corazón de uno de los corredores de biodiversidad más ricos del mundo, Paso de la Danta en Ojochal, Costa Rica.

¿Qué motivó vuestra filantropía?

Gérdad: Comenzó con una experiencia que me cambió la vida en la selva del Amazonas, con un grupo de personas indígenas. Esta experiencia cambió mi forma de ver las cosas y me hizo cuestionarme mi propósito. Yo era un emprendedor, proporcionaba soluciones de negocio y comercio online, que era intenso, emocionante y a veces estresante. Tras esta experiencia, sentí la necesidad de centrarme en algo diferente, algo con sentido, que me reconectara con la naturaleza. Quiero compartir este nuevo propósito con tantas personas como sea posible.

Chiara: Yo soy antropóloga y he estado viviendo y trabajando en Costa Rica durante 16 años. Estudié la cultura, en concreto, el papel de las mujeres en lo que, a menudo, es una sociedad matriarcal y pasé varios años viviendo con las personas indígenas de aquí. Gérard y yo compartimos una visión similar: la importancia de vivir en armonía con la naturaleza y este proyecto nos da la oportunidad de poner esto en práctica y de proteger los ecosistemas en uno de los corredores de biodiversidad más ricos del mundo: Paso de la Danta en Costa Rica.

Al adquirir tierras en este rico corredor de biodiversidad, estamos protegiendo la selva virgen y, a través de nuestras acciones específicas, buscamos crear un lugar respetuoso, en sintonía con la naturaleza, con la selva y con las culturas y población locales.

Contadnos más sobre vuestro compromiso filantrópico, las acciones que apoyáis y el futuro de la fundación

Nuestro proyecto es polifacético, situando, en el centro del mismo, la importancia de la naturaleza. Las selvas de Costa Rica que albergan una biodiversidad sin igual, están están siendo atacadas por la industria agrícola (especialmente por el aceite de palma que es una verdadera catástrofe o los monocultivos, como el plátano y la piña) y por la consecuente polución química. Uno de nuestros principales objetivos es preservar estas tierras, pero también comprar y reforestar las tierras que han sido destruidas por la ganadería y otros usos. Recientemente, hemos plantado más de 3.000 árboles, de más de 150 especies diferentes.

En este lugar único, acoge a más de 500 especies diferentes de aves. Estamos construyendo un ecopueblo totalmente sostenible en el que podemos vivir en armonía con la naturaleza, en el que los habitantes puedan comer y beber de la tierra y donde todo se produzca con energía verde. Tenemos 27 manantiales, árboles frutales y estamos cultivando nuestra propia comida a través de la permacultura (estamos planeando abrir una escuela de permacultura para ayudar a difundir este método). Queremos probar una nueva forma de vida que pueda ser estudiada en universidades y gobiernos y, con suerte, replicada.

Dentro de este ecopueblo abriremos un lugar de retiro en el que las personas puedan venir a pasar unos días, apagar sus teléfonos, explorar su yo interior, apreciar la naturaleza y el cielo, mientras exploran la conciencia a través de la meditación, el yoga y el silencio.

El pueblo dispondrá de un estudio de música y una galería, de forma que podremos hospedar a artistas. También es importante para nosotros trabajar con la población local para ofrecerles oportunidades económicas, especialmente a las mujeres.

Además, hemos creado una escuela alternativa, que promueve una filosofía de no-violencia y que permite a los estudiantes practicar el yoga y la meditación, además del plan de estudios. También impartimos talleres en otras escuelas locales.

¿Qué opináis de vuestra iniciativa ahora? ¿Está teniendo el impacto que esperabais inicialmente?

Han cambiado muchas cosas desde el comienzo del proyecto. Ha sido un viaje increíble y una auto-exploración, que nos ha permitido conocernos mejor a nosotros mismos, a la vez que nos poníamos al servicio de los demás. La vida también se ha vuelto más sencilla, me gusta decir que simplemente soy un pequeño jardinero. Cuando era un CEO, tenía sueños de conquistar el mundo con mi negocio, pero hoy soy feliz siendo solo un simple jardinero. Cada vez son más los desastres que ocurren en el medio natural, hay mucha inconsciencia y una urgencia real de actuar ya. Al desempeñar nuestro papel, sentimos que estamos teniendo un impacto y que estamos aportando un cambio positivo.

¿Qué consejo le daríais a otras personas que desean hacer algo similar?

¡Seguid vuestro instinto!

Tomaos tiempo para desacelerar y escuchad vuestra intuición. A medida que avanzamos, nos damos cuenta de que el proyecto sabe por sí mismo a dónde quiere llegar. Se trata de escuchar y seguir las señales que nos guiarán en la dirección correcta y es importante reducir la influencia del ego.

Cuando las cosas se ponen difíciles, no olvidéis lo que os motivó en un principio. Mantenedlo en vuestra mente. Además, si bien es bueno tener un plan con una cronología, esto debería ser más bien una guía y no tanto un imperativo.

¿Cómo te ayudó el equipo asesor en filantropía?

El asesoramiento recibido por parte del equipo de filantropía de BNP Paribas Wealth Management fue de gran valor. Fue un increíble descubrimiento el saber que el banco tiene un departamento de asesoramiento filantrópico. Los contactos que nos han presentado nos han sido muy útiles. Nuestro asesor nos introdujo a la Fundación King Baudouin, una fundación anfitriona que nos está proporcionando una estructura jurídica en Europa. Esto ofrece a nuestros seguidores que estén basados en Europa, acceso a las ventajas fiscales vinculadas a la filantropía, a la vez que apoyan nuestro proyecto en Costa Rica. Además, nuestro asesor nos puso en contacto con consultores de recaudación de fondos que nos están ayudando mucho. Y esto es solo el comienzo de nuestra colaboración con el equipo.

*Un corredor de biodiversidad es un área de vegetación ininterrumpida que permite que la vida salvaje viaje de un hábitat a otro. La protección de estos corredores es una nueva forma estratégica de luchar contra las amenazas, cada vez mayores, a la biodiversidad.