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#Estrategia de mercado — 14.08.2018

Caída de la lira turca: ¿qué está ocurriendo?

El crecimiento del déficit público y del déficit exterior han ido debilitando a la lira en los últimos años. La semana pasada, la moneda turca se desplomó aún más debido a las tensiones comerciales y políticas con Estados Unidos.

Razones de la debilidad estructural de Turquía 

Las preocupaciones de los mercado en relación a la economía turca no son algo nuevo. Los inversores han estado señalando la debilidad macroeconómica de este país en los últimos trimestres y la lira turca ya era uno de los activos con peor comportamiento este año incluso antes de que las tensiones con Estados Unidos comenzaran a agravarse.

El asombroso crecimiento de Turquía en los últimos años se ha visto impulsado por la facilidad de acceso al crédito, unos tipos de interés bajos y grandes planes de gasto público. Esta dependencia del crecimiento económico en el crédito ha provocado una debilidad macroeconómica mayor, en concreto un déficit mayor. Los grandes planes de gasto han incrementado el déficit público del país, mientras que el fácil acceso al crédito ha generado una mayor demanda de bienes y servicios extranjeros, profundizando así el déficit por cuenta corriente. Esto pone a Turquía en una situación en la que depende de los inversores extranjeros para proporcionar capital. Además, los cambios en el sentimiento del mercado están teniendo un impacto negativo en los activos turcos.

Sin embargo, estas crecientes vulnerabilidades son sólo parte de la historia que ha conducido a la depreciación de la lira. El entorno político, en particular la retórica del presidente Erdogan, ha tenido gran influencia en los recientes movimientos de los mercados. Mientras que los mercados financieros, las organizaciones supranacionales y las agencias de calificación señalaban las crecientes debilidades de Turquía, el presidente Erdogan no tomó las suficientes medidas para tranquilizar a los mercados. El gobierno continuó anunciando nuevos planes de gasto y elogiando los bajos tipos de interés, pero siendo al mismo tiempo extremadamente crítico con los mercados financieros. Además, los miedos de los inversores se han agravado con la creciente influencia del presidente Erdogan sobre las instituciones financieras y las decisiones del banco central turco.  

¿Por qué empeoró la situación el pasado viernes 10 de agosto?

Junto a la debilidad estructural mencionada anteriormente, las tensiones políticas entre Estados Unidos y Turquía han estado creciendo en las últimas semanas. Además de las fuentes previas de descontento político, la detención del pastor americano Brunson también ha influido. Su repatriación antes de las elecciones de mitad de mandato sería un logro importante para el presidente Trump, pero el presidente Erdogan no está de acuerdo.

Estas tensiones han llevado a Estados Unidos a imponer sanciones económicas y doblar los aranceles sobre el acero y el aluminio la semana pasada. El discurso del presidente Erdogan el pasado viernes, desprovisto de planes concretos para abordar los problemas, también ha acelerado el movimiento de venta. Los inversores están preocupados por el riesgo de contagio, ya que algunos bancos europeos están expuestos a deuda turca. Además, el Financial Times ha publicado un artículo sobre la vulnerabilidad de algunos bancos europeos por su exposición a Turquía, alimentando las preocupaciones.  

¿Qué puede ocurrir ahora? 

Las acciones más lógicas que podrían tomar las autoridades turcas para evitar una crisis grave en el país serían una subida de emergencia en los tipos de interés, un acuerdo estratégico con Estados Unidos, un rescate del FMI y la imposición de controles de capital. Pero hasta ahora el presidente Erdogan ha mostrado poco interés en utilizar estas alternativas. Las reformas fiscales y los presupuestos austeros podrían ser otra posibilidad para abordar la debilidad ligada al doble déficit, pero implementarlos sería un reto político. Otra opción es adoptar una actitud de espera, dejando que la divisa se ajuste por sí sola. Esto sería bastante arriesgado, ya que conduciría a una mayor inflación, a un posible incumplimiento de pagos de los bonos corporativos y sin duda, a una recesión. 

Resumen de nuestra visión estratégica 

Dado que la situación en Turquía es todavía bastante incierta, creemos que los mercados continuarán volátiles a corto plazo. La probabilidad de ver pronto un paso en la dirección correcta está aumentando. En este momento, valoramos el riesgo de contagio como bajo. Las principales fuentes de contagio serían probablemente los mercados de bonos de los países emergentes. Los bonos turcos representan aproximadamente el 12% de los bonos en divisa internacional de los mercados emergentes y alrededor del 7% de los bonos en divisa local (datos basados en los índices de JP Morgan). Como una proporción creciente de los bonos corporativos ha sido emitida en dólares y en euros, el riesgo de impagos está aumentando, sugiriendo un mayor número de préstamos morosos. Este incremento podría pesar sobre los bancos turcos y potencialmente también sobre algunos bancos europeos que tengan participaciones en instituciones financieras locales.


Mantenemos una perspectiva positiva sobre los mercados de renta variable. Los mercados desarrollados están apoyados por un entorno macroeconómico favorable y por unos fuertes resultados empresariales. Las valoraciones permanecen atractivas especialmente en la zona Euro y Japón, nuestros mercados favoritos. En los mercados emergentes, nos mantenemos positivos en Asia y Europa del Este (excluyendo Rusia). La estacionalidad, sin embargo, apunta a resultados mediocres durante el verano. Las tensiones comerciales globales estimularán el aumento de la volatilidad. El euro ha caído frente al dólar y ha roto el nivel de soporte situado alrededor de 1,155. Es posible que asistamos a un rebote después de este drástico movimiento. Nuestras previsiones están en revisión, aunque todavía esperamos que el dólar se debilite en los próximos 12 meses.